La Vendimia en Uruguay comienza su temporada alta durante febrero y marzo, movilizando a más de 50 bodegas y viñedos turísticos en todo el país. Este evento celebra el fruto de meses de trabajo con propuestas que incluyen cosecha manual, degustaciones exclusivas y espectáculos culturales para visitantes locales e internacionales.
Las bodegas uruguayas invitan a vivir de cerca la transformación de la uva en vino a través de experiencias inmersivas en entornos naturales. Los visitantes pueden participar activamente en la cosecha o disfrutar de la tradicional pisada de uvas, conectando con la herencia cultural que define a esta industria.
Cada establecimiento ofrece una agenda diversa que incluye charlas técnicas con expertos y maridajes de platos gourmet con vinos de alta gama. Estas actividades buscan posicionar al enoturismo como un pilar fundamental de la oferta recreativa nacional, permitiendo conocer a la gente detrás de cada etiqueta.
Impacto del enoturismo en la economía regional
El desarrollo de la vitivinicultura genera un movimiento significativo en las cuatro regiones vitícolas principales: Litoral Norte, Litoral Sur, Metropolitana y Oceánica. Esta diversificación territorial permite que el impacto económico se distribuya desde las costas de los ríos hasta las zonas serranas y el mar.
En este contexto, el Ministerio de Turismo promueve una grilla de actividades para fortalecer el vínculo entre los prestadores de servicios y los turistas. Por otra parte, la calidad internacional de cepas como el Tannat y el Albariño sigue funcionando como el principal motor de atracción para el mercado regional.
Historia y tradición del vino uruguayo
La tradición vitivinícola del país se remonta a 1774, con los registros de las primeras plantaciones en la Calera de las Huérfanas. Sin embargo, el gran impulso llegó en el siglo XIX de la mano de inmigrantes europeos que introdujeron las cepas que hoy otorgan identidad al país.
Pascual Harriague se destaca históricamente como el principal promotor del Tannat, la cepa emblema de la producción nacional. Este legado histórico contrasta con la situación actual, donde la ciencia y la modernización técnica permiten producir variedades de alta calidad que compiten globalmente.
