Su presencia es fundamental para ayudar al desarrollo de comunidades y pueblos, que pueden trabajar brindando los servicios que demanda el ecoturismo en las áreas protegidas.
Corresponsal
El nacimiento hace pocas semanas de la primera cría de guacamayo rojo califica como hecho histórico y abre la puerta a su reproducción silvestre en una apuesta para que en en futuro cercano su presencia motorice la economía de comunidades del nordeste argentino.
Si para los seres humanos ver volar un guacamayo puede generar una emoción única e irrepetible, en realidad el carismático pájaro cumple el importantísimo rol de «dispersor de semillas y regenerador de bosques», según destacó en diálogo con Télam Sebastián Di Martino, encargado del desafiante proyecto de reintroducción de especies de Rewilding Argentina.
Por otro lado, su presencia, entre otros animales silvestres en cuyo retorno se trabaja, es fundamental para ayudar al desarrollo de comunidades y pueblos que pueden trabajar, muchas ya lo hacen, brindando los servicios que demanda el ecoturismo en las áreas protegidas y que, gracias a la exuberante flora y fauna tienen un nuevo y sustentable motor económico.
«Lo mejor para crear un parque y restaurar el ambiente es generar economías locales restaurativas. Nosotros creemos en el ecolocalismo, creemos en las decisiones que se toman en el territorio y creemos que los pueblos que viven en los alrededores de lugares que son restaurados para ser parques nacionales pueden vivir de lo que llamamos `producción de naturaleza´», aseguró Di Martino desde el norte argentino.
«Lo mejor para crear un parque y restaurar el ambiente es generar economías locales restaurativas. Nosotros creemos en el ecolocalismo»
El biólogo amplió el novedoso concepto: «Esos territorios ya no están destinados a criar vacas para vender cuero, a plantar trigo para vender harina o a plantar pinos para vender madera. Ahora se destinan a producir yaguaretés o guacamayos para que las poblaciones locales se beneficien a través del ecoturismo de observación de fauna».

El proyecto de los guacamayos rojos –los hay azules y verdes además– comenzó en el Iberá en el 2015 con la compra y liberación de los primeros ejemplares y en el marco de que esta iniciativa es general porque incluye la reintroducción de otras especies en esa zona: venado de las pampas, oso hormiguero gigante, pecarí de collar, yaguareté, nutria gigante, muitú y chuña de patas rojas, agregó Di Martino.
Al describir al guacamayo dijo: «Se trata de un ave espectacular, de las más grandes del mundo y con unos colores increíbles: rojos, azules, verdes. Pero lo que importa sobre todo es que es un consumidor de frutos y dispersor de las semillas con un rol fundamental en la regeneración de las selvas y de los bosques nativos del nordeste de Argentina. Esa función se perdió junto con el guacamayo rojo, y es lo que más nos interesa recuperar», recalcó.
En cuanto a cuáles son sus hábitos, precisó que «viven principalmente en pareja; ponen tres huevos por nidada, pero en general no logran sacar adelante a más de un pichón por año».
Y respecto del objetivo de máxima que el proyecto persigue, Di Martino indicó que es el aumento de individuos silvestres y, otra vez, la función reproductora de la vida.
«Queremos regenerar una población autosustentable porque esta especie se extinguió completamente en la Argentina: no queda un solo guacamayo rojo viviendo en libertad excepto los que liberamos nosotros»
«Queremos regenerar una población autosustentable porque esta especie se extinguió completamente en la Argentina: no queda un solo guacamayo rojo viviendo en libertad excepto los que liberamos nosotros. El objetivo es que aumente el número de individuos sin que tengamos que seguir haciendo liberaciones. Por eso la reproducción es tan importante. Y el objetivo supremo es que los guacamayos recuperen su rol de regenerar nuestros bosques nativos dispersando las semillas de los frutos que comen», afirmó.
En un marco más general, el biólogo analizó la situación en la que se encuentra el planeta y las tareas a desarrollar: «Tenemos que ayudar a parar y tratar de revertir la crisis de extinción de especies, que a nivel global es la más preocupante pero no lo único. Y todo está relacionado, el cambio climático, la aparición de pandemias, las secas cada vez más prolongadas, inundaciones, etc. y la extinción de especies, un proceso que es irreversible».
«¿Qué hacemos nosotros? ayudamos a crear parques nacionales, recuperamos tierras que por la actividad humana están degradadas y eso incluye que se hayan extinguido especies. Tratamos de traerlas de vuelta enfocando lo que los ecólogos llaman especies clave que son las que tienen un rol importantísimo en los ecosistemas en los que viven con la dispersión de semillas», señaló.
Sin dudas, el proyecto tiene la pata ecológica que es el regreso, en este caso del guacamayo, una especie que retorna para ocupar su lugar y cumplir un rol en el ecosistema y la otra es el planteo económico de desarrollar los pueblos con servicios de hotelería, transporte, gastronomía, artesanías, guiadas que el turismo de observación de aves y fauna necesita.
«Ahí, lo local entra en la ecuación económica porque son actividades de mucha experiencia que sólo alguien del lugar puede transmitir. Decimos que en este modelo de producción de naturaleza cuanto mejor les va económicamente a ellos mejor le va al ambiente y cuanto mejor al ambiente mejor para la economía de producción de naturaleza», explicó Di Martino.

Y completó: «El parque es nuestro campo, tenemos yaguaretés, guacamayos, etc que son nuestras vacas y tenemos el ecoturismo y observación de fauna hecho por locales que es la forma de ordeñar la producción» y hacer girar la rueda de la economía».
«Hay que desterrar el mascotismo»
El retorno de especies extintas como el guacamayo con el aumento de individuos viviendo en forma silvestre demandará una conciencia colectiva que rechace «el mascotismo» o la domesticación de la fauna.
En el caso de los loros es sabido que los simpáticos pájaros tienen la capacidad de repetir el habla humana, lo que los convierte en un atractivo bicho de compañía y fuente de diversión familiar pero, explicó Di Martino hablando de los guacamayos «su lugar no es en las jaulas sino en la selva y los bosques del nordeste de la Argentina».
El encargado del proyecto de reintroducción de especies detalló para Télam que los guacamayos «no son de los loros que mejor pronuncian palabras pero esto es algo que tenemos que desterrar totalmente: estas aves no tienen que ser reducidas al mascotismo, no se les tiene que enseñar a hablar».
También contó que este vistoso pájaro se extinguió «muy tempranamente» en el país «sobre todo por la destrucción de las selvas en las que habitaba, por la caza para obtener sus plumas o su carne que se consumía en el pasado, y por reducir estas aves al mascotismo o sea que sean aves de compañía».
En cuanto a cuáles son los peligros que acechan tienen que ver justamente con la captura de ejemplares -esto es algo que es válido para todos los animales silvestres-, para el mencionado mascotismo y, destacó el entrevistado «la necesidad de controlar los desmontes».
Agregó de todas maneras que en el Parque Iberá donde se desarrolla el proyecto «estas amenazas no existen y es lo que hace que esta población que estamos tratando de generar vaya prosperando y vaya aumentando el número de ejemplares».
Otro aspecto interesante que reveló Di Martino es la forma en que encararon el asilvestramiento de la pareja de guacamayos Niky y Sopa, de la que nacieron los tres pichones que hoy celebramos.
«Los padres vinieron de cautiverio, son animales que han estado en contacto con la gente y que nosotros entrenamos durante muchos meses para que puedan volver a la vida en libertad. Desde enseñarles a volar porque muchos de ellos no saben porque siempre vivieron en pequeñas jaulas, eso tiene que ver con enseñarles a encontrar comida porque para ellos la comida viene en bandejas y es girasol, maní y alguna fruta», contó.
Y agregó «hay que cambiarles esa dieta de verdulería por otra de frutos nativos que está en las ramas de los árboles y enseñarles a evitar los depredadores porque un perro o un gato era para ellos lo más normal del mundo pero acá puede ser un zorro o un gato montés que se los coma».
