La Estancia Buen Retiro, conocida como el Castillo Morató, fue declarada Monumento Histórico Nacional en un emotivo acto que se llevó a cabo en el viejo galpón en donde se realizaban las esquilas a vapor. “Ver esto fastuoso en el medio de la nada lo interpela a uno, cuando uno llega siente una energía especial”, indicó el intendente Nicolás Olivera.
La ceremonia contó con la presencia de la subsecretaria de Educación y Cultura, Ana Ribeiro, el director general de la Comisión de Patrimonio, William Rey, uno de los dueños de la estancia, Alfredo Morató, alcaldes del departamento, el jefe de Policía, Eduard Álvez de Almeida, ediles y demás autoridades.
Olivera destacó este hecho significativo para el departamento y para la zona, a la vez que resaltó que las gestiones para su declaración se hicieron “en tiempo récord”.
Asimismo, reconoció la importante labor que llevó a cabo la Comisión Departamental de Patrimonio. “Es gente que trabaja honorariamente, que logró que esto tenga protección departamental”, a la vez que destacó la “generosidad que ha tenido la familia Morató” para que esto se lleve adelante.
El intendente dijo que este nombramiento es una manera de “democratizar y que otros puedan conocerlo”, al tiempo que agregó “es parte de Paysandú, de nuestro querido y hermoso departamento”.
“Invitó a pensar a que pasen más cosas a partir de esto”, en un lugar rico en historia en el que además vivió Fructuoso Rivera.

Ribeiro en tanto, realizó un recorrido histórico sobre el Castillo Morató y la importancia que tuvo en nuestro país en periodos de guerra y revoluciones.
“El castillo se roba todas las miradas, pero lo que más me impresionó fue este galpón”, que demuestra una visión de modernización que tuvieron sus creadores.
Por su parte, uno de los dueños, Alfredo Morató —perteneciente a la cuarta generación— realizó un recorrido histórico de la creación del castillo que tiene 130 años. “Quiero destacar el apoyo invalorable que hemos tenido del intendente desde el primer momento”, reconoció.
Rey indicó que la Estancia Buen Retiro es un “buen ejemplo de modernización del país” y destacó su paisaje e infraestructura. “Tiene una gran importancia para el Patrimonio rural del país”, destacó.
Posteriormente al acto, Morató brindó una recorrida por el majestuoso castillo, que impacta con su hermosa infraestructura y su rica historia.
SOBRE LA HISTORIA DEL CASTILLO
Ubicada al Este del Departamento de Paysandú (Uruguay), a 25 Km., de distancia de Pueblo Morató, centro poblado cercano a la estación de ferrocarril Tres Árboles. El casco de estancia, un complejo edilicio rural, que incluye la casa habitación de los propietarios, conocida por los lugareños, como Castillo Morató, nombre generalizado también, en la actualidad a todo el establecimiento, fue construida en un estilo ecléctico, de fusión clásico y renacentista tardío.
La casa cuenta, desde sus inicios, con agua corriente, con un gran depósito subterráneo, luz eléctrica y línea telefónica. Desde sus entrañas, pasa un antiguo túnel, con una entrada que se dice, conduce hacia la costa del río Queguay Grande, donde los indígenas, solían pescar. Esa gran construcción rural, se erigió entre 1902 y 1904, por encargo del comerciante Francisco León Barreto, quien compró el predio en 1889. El Quím. Farm. Ovidio Morató, administrador del bien desde 1910 -como yerno de su fundador, en la sociedad que constituyeron Francisca, viuda de Barreto y su hija y, esposa de Morató, Ascensión-, fue quien culminó totalmente la obra, en 1916, al agregar en el perímetro de la casa principal, un jardín con empedrado portugués, de moda a fines del siglo XIX. A él se le debe la fundación del poblado homónimo en 1933, otro aporte a la gestación de la modernización rural, comenzada en la década de 1860.
Durante la época fundacional, se construyeron los galpones para Esquila y de Cabaña (1902 – 1904). Otros edificios de diferentes épocas, la casa del Capataz y antigua pulpería, también llamada “Botica” (1850), la casa del Contratista (1900), la casa del Quintero (1862) y la casa del Personal, que figura como en dos casas: vivienda del encargado (1862) y Juzgado de Paz (1880), integran el casco del establecimiento hecho a nuevo y las restauraciones de los vestigios de los siglos anteriores, todas de material, ante la preocupación por el cuidado sanitario y de buena ventilación de los ambientes, así como el combate al “mal de chagas”, endémico, por aquellos años, con la erradicación de los ranchos de adobe y paja. También, fue una época de un importante refinamiento de la Ganadería del Uruguay, tanto en los vacunos, como también en lanares y yeguarizos.
El establecimiento, es un ejemplo de vanguardia por su sistema de producción integrado. Por la calidad de los materiales utilizados, aún hoy, se conserva, una línea de alambrado de 1890 y los posteriores, instalados en las primeras décadas del siglo XX. Los eucaliptos plantados, fueron de los primeros en el país, de la variedad rostrata, en 1920, en homenaje a los 100 años del fin de la Revolución Oriental y, por la alta calidad de la crianza, fue uno de los establecimientos, grandes proveedores del Frigorífico Anglo. Protagonista de uno de los primeros tambos industriales del país, con exportación de quesos tipo Chubut y manteca, para consumo en la Mala Real Inglesa. Sus caballos, fueron de los más cotizados para deporte, paseo o tiro, criados en terrenos pedregosos por generaciones, como forma de fortalecerlos. Desde fines de 1910 y hasta el presente, “Barreto & Morató”, es la propietaria de la explotación agropecuaria.
Sus orígenes históricos se remontan al siglo XVII, como lindero del extremo sur de la estancia jesuítica misionera guaraní de Yapeyú, cuyo límite llegaba hasta la costa del río Queguay Grande, donde se emplazaba el puesto posta San Juan Bautista, sitio de vigilancia de tierras y ganados, legado de los muros, cercos y corrales de piedra en perfecto estado de conservación, en donde se destacan: un gran corral de forma elíptica de 4,5 Km., uno circular 88 mt. de diámetro y una media luna, de encierro de los caballos. En ese sitio, se amansaba el ganado cimarrón, que distintas arreadas, de principios del siglo XVIII, pasaban por allí, de la Vaquería del Mar.
Así, el ganado matrero se convertía en “estante” o manso, origen de la palabra “estancia”, como la conocemos actualmente en el Río de la Plata.
En el siglo XIX, entre sus antiguos propietarios, se destaca el primer presidente de la República Oriental del Uruguay, Fructuoso Rivera, quien tuvo allí, su casco de estancia, cuya casa-habitación, podría haber sido, la capilla del puesto posta jesuítico misionero guaraní. También, fue fuente de inspiración del autor de “La tierra purpúrea”, William Henry Hudson, cuando en 1868, visitó el lugar, según se desprende, de su diario de viaje.
En el siglo XX, Aparicio Saravia y el presidente Máximo Tajes, entre otros, registran su pasaje por allí. Entre los años 1904 y 1962, se lo conoce como un establecimiento agropecuario progresista, por su modernismo, la fundación de un pueblo y el planteo autosuficiente.
En el siglo XXI, la familia Morató, plantea el gran desafío, de dar a conocer su riqueza patrimonial, como paisaje cultural y de entretenimiento agroecológico, de esa pequeña muestra, representativa de la extensa pradera, heredada de la antigua Banda Oriental.






