Salto Grande Extra
Opinión

ES CON FEMINISMO POPULAR

Hubo un tiempo en el que creí que era imposible que alguna fuerza política ganara una elección haciendo una campaña en detrimento del feminismo. Daba por hecho que eso era la derrota cantada de una plataforma de gobierno muy atrasada de los tiempos en los que vivimos, en donde la agenda de los feminismos supo imponerse en la política, en los medios, en las escuelas, sindicatos, y hasta en las conversaciones familiares y de amistades.

Cada vez que un femicidio nos desgarraba, se pronunciaban voces reclamando más políticas, mayor justicia, más capacitaciones, más herramientas. En definitiva, más Estado.

Sin embargo, fue calando una línea discursiva que hoy, con el diario del lunes, creo que subestimamos. Cómo iba a ganar un tipo que negaba las violencias por razones de género, que negaba la desigualdad estructural, que amenazaba con sacarnos el Ministerio que tanto pedimos en las calles, que banalizaba las cuestiones más sensibles por las que hemos luchado. Un candidato dispuesto a venir por todos nuestros derechos, gritándolo a viva voz sin un poco de pudor.

Inverosímil que alguien así llegara a conducir los destinos de nuestro país con la capacidad de empatía que los feminismos habíamos llegado a generar.

Cuando habíamos logrado que cruzarnos con un pañuelo verde en las mochilas nos hiciera conocidas aún sin conocernos. Cuando logramos que cada marcha colme los espacios públicos y todo lugar nos quedara chico para la lectura del documento con nuestras proclamas.

Si logramos hablar de aborto en la mesa familiar, si las compañeras trans irrumpían en lo público como sujetas políticas, con leyes que vinieron a reparar historias desgarradoras.

¿Cómo iba a ser posible entonces que Milei ganara las elecciones?

Todavía me duele esa mayoría que eligió dar marcha atrás porque es inminente la profundización de las violencias por razones de géneros en este contexto. Porque sin Estado que problematice, piense, ejecute, destine presupuesto para el abordaje de las violencias, no hay respuesta posible en el plano de lo institucional.

Hablamos del cierre del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. Hablamos de la Ley Micaela, de las políticas de cuidado, del Cupo Laboral Trans, de programas vinculados directamente a dar respuesta integral en abordajes de violencias, como el Programa AcompañAR. Hablamos también de despidos masivos tanto en Nación, como en la provincia y en los Municipios. En la ciudad de Gualeguaychú (donde nací, crecí y vivo) en pleno fin de diciembre y comienzo de un nuevo año, dieron aviso por mensajes de WhatsApp que no daban continuidad a contratos de trabajos de trabajadores y trabajadoras muchas mujeres a cargo de la organización familiar. Un gobierno donde el intendente eligió asistir primero al acto de Milei antes de asumir en su ciudad, y nos mandó «de regalo» una foto con la vicepresidenta negacionista y reivindicadora de genocidas. Acto seguido borró de un plumazo de su organigrama la Dirección de Derechos Humanos.

Por eso, (y aunque nada nuevo reviste esta conclusión) es urgente la organización.

¿Por qué contra los feminismos?

La respuesta es: por todo.

Porque venimos a cuestionar las desigualdades estructurales que permiten la ecuación: más concentración de riquezas por allí, menos por aquí. Porque planteamos transformar y sabemos cómo hacerlo, hemos dado muestras de ello.

Porque somos usina de pensamiento crítico. En cada asamblea o ronda fem la política echa raíces. Porque estamos convencidas que no habrá justicia social sin igualdad de géneros.

Porque nuestras causas atravesaron generaciones enteras.

Sin embargo, la derecha recalcitrante con sus discursos de odio, ganó las elecciones afirmando que no existe brecha salarial, negando los femicidios y advirtiendo achicar y ajustar en áreas transversales para las cuestiones de géneros.

Me atrevo a pensar entonces: que nos faltó, o qué nos sobró.

A donde no llegamos.

¿Por qué esas estudiantes que se conmovían con lecturas feministas, que salieron a la calle con la marea verde y que sentían (y seguro que sienten) propio que “si nos tocan a una, nos tocan a todas”… por qué veo en sus redes sociales que llamaban a votar a Milei?

¿Será que nuestra lucha no pudo hacer mella en lo que hoy aqueja nuestras vidas e impacta directo en nuestra diaria, como llenar la olla?

¿Será que ahí “despegamos” algo que es inherente?

¿Dónde fue que anclamos?

Son muchas las preguntas para hacernos que deben motivarnos a reorganizarnos y continuar porque a las claras está la urgencia y la necesidad del gobierno turno de descalabrar lo que supimos conseguir.

¿Qué agenda nos interpela?

Las mujeres tenemos que llegar a lugares que históricamente han sido negados, así como pudimos consagrar nuestros derechos políticos, sabemos que el desembarco en la política debe ser real y no para cumplir con cupos. Pero sin perder de vista que hoy hay una mujer negacionista con un discurso de odio que ocupa el cargo de vicepresidenta elegida en democracia.

Por eso, es el feminismo popular el que tiene que envolver esa misión de seguir reparando y avanzando como sociedad en la búsqueda de justicia social, con cada una de las personas adentro.

No se puede pensar en transformar sin que la mitad de la sociedad no comprenda que no es cosa de mujeres contra varones, que esto es cosa y causa de todxs. Porque vivir vínculos sin violencias y más sanos, infancias libres, sin discriminación creciendo en lugares donde la diversidad sea vivida con amor y respeto… eso no puede ni debe sernos indiferente.

Hoy se nos impone un escenario impensado hace un par de años. No nos resulta ajeno resistir, fue un 8 de Marzo el primer paro a Macri y aunque hoy nos falta esculpir el método que nos permita encontrarnos juntas, organizadas y con capacidad de respuesta en tiempos tan complejos, debemos encontrar matices que nos vuelvan a interpelar.

En tiempos donde comer se va a transformar en el mayor desafío de un pueblo que viene ya muy castigado, de generaciones que no han vivido la movilidad social ascendente por lo tanto no pueden creer en ella, y creen en cualquier otra cosa.

Tiempos donde impera el personaje y no la figura del dirigente político que debe generar credibilidad y confianza para sostener los valores republicanos y democráticos.

Hoy más que nunca, deben ser tiempos de feminismo popular, esa propuesta política que lucha con todas, todes y todos quienes quieran una Patria justa libre y soberana. Tiempos de bancar la olla, bancar a la compañera que no sabe cómo hacer para llegar a la segunda semana del mes poniendo el pan en la mesa. Bancar también al compañero.

La profundización de la feminización de la pobreza hará estragos en nuestras vidas y debemos estar ahí, debemos estar forjando la alternativa que necesita nuestra Patria, la política distinta y diferente que no se amase sin nosotras.

La sociedad eligió un cambio. Trabajemos todos los días para que cuando quede demostrado que Milei no es cambio para mejor, haya una propuesta distinta para ofrecer que represente lo que en definitiva tanto añoramos: los tiempos en los que comer no implicaba un desvelo, los tiempos en los que muchos nos pudimos ir de vacaciones por primera vez, los tiempos en los que cada niño o niña recibía una computadora para estudiar.

Casi sin decirlo, sabemos de qué tiempos hablamos.

Hagamos del feminismo un mecanismo en sí, porque lo necesitamos y la derecha lo sabe, por eso recrudece la apuesta desjerarquizando lo que institucionalmente hemos construido estos años. No permitamos que desarme también la red que nos contiene y mantiene en alerta.

Más preguntas que respuestas, pero más certezas que antes.

Es con feminismo popular, es con la gente y por la gente, que construiremos una nueva salida de sol que alumbre cada rincón de nuestra amada patria.

Deja un comentario