La región del litoral argentino y el corredor del río Uruguay se encuentran bajo una fase oficial del fenómeno meteorológico de El Niño, también conocido técnicamente como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Según proyecciones científicas, sus efectos en forma de precipitaciones por encima de lo normal y consecuentes excesos hídricos se extenderán de manera ininterrumpida hasta el otoño del año que viene.
Así lo advirtió el ingeniero Sergio Ramos, investigador y especialista en agrometeorología y forestación de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA Concordia, en diálogo con el programa radial de Gustavo Sylvestre en Radio 10. La situación climática ya enciende alarmas en las administraciones locales y en el sector productivo de la región de Salto Grande, debido a la velocidad con la que se están saturando los recursos hídricos superficiales.
Registros que duplican y cuadruplican las medias históricas
Las mediciones del INTA Concordia revelan que el impacto pluvial en la provincia de Entre Ríos comenzó a manifestarse de manera severa durante los meses de invierno, periodo que tradicionalmente se caracteriza por presentar bajos niveles de precipitación. «En nuestra zona hemos registrado ya para julio el doble de lo normal. Normalmente, julio está alrededor de los 60 milímetros y han llovido 120«, detalló Ramos.
La anomalía se profundizó de manera crítica durante el mes de agosto: «Se ha cuadruplicado la lluvia normal: la media está alrededor de los 70 milímetros y ya han llovido casi entre 260 y 270 milímetros«. De acuerdo con el especialista, este comportamiento anómalo durante el invierno anticipa un escenario sumamente complejo para el bimestre de octubre y noviembre (primavera), ciclo que históricamente concentra las lluvias más copiosas del año en la Mesopotamia.
Suelos saturados y el inminente riesgo de crecientes
La principal preocupación técnica radica en el estado físico de los suelos productivos de la región. El investigador del INTA graficó el fenómeno comparando la tierra con una esponja: «Hoy en día, con estas precipitaciones que estamos teniendo, los suelos ya están en niveles de saturación. Toda lluvia, por más que sea normal, provoca excesos que el suelo no puede absorber y pasan directamente a las aguas superficiales«.
Esta escorrentía directa alimenta de forma inmediata a lagunas, arroyos y, fundamentalmente, a los grandes colectores de la cuenca: los ríos Paraná y Uruguay. Como consecuencia directa de la nula capacidad de absorción terrestre, se prevé el inicio de un ciclo sostenido de crecientes y desbordes fluviales que afectarán a todo el litoral de la Mesopotamia argentina, Uruguay y el sur de Brasil.
El impacto en las economías regionales: ganadería y agricultura
Ante la certeza del diagnóstico meteorológico provisto por los modelos de simulación actuales, el sector ganadero de las zonas isleñas y de zonas bajas, particularmente en el Delta del Paraná y el sur de Entre Ríos, ha comenzado a implementar planes de contingencia mediante el traslado preventivo de la hacienda vacuna hacia zonas altas para evitar pérdidas masivas de ganado.
En contraste, el impacto en la agricultura presenta un panorama ambivalente. Ramos puntualizó que, a pesar de los anegamientos puntuales que puedan sufrir sectores específicos de los campos, los perfiles de humedad acumulados resultan sumamente favorables para los cultivos de secano, permitiendo proyectar rendimientos que podrían alcanzar los valores potenciales de producción de la zona.
El debate político por la quita de fondos hídricos nacionales
Más allá del factor estrictamente natural, la inminencia de las crecientes reactiva un fuerte debate sobre la infraestructura de mitigación y la capacidad de respuesta de los Estados locales. En el plano político, el conductor del ciclo, Gustavo Sylvestre, advirtió sobre la desfinanciación de las herramientas de prevención por parte de la administración central de Javier Milei, señalando que el Gobierno nacional absorbió los recursos correspondientes al Fondo de Obras Hídricas.
Ante este repliegue del presupuesto federal, la responsabilidad del mantenimiento de desagües, sistemas de bombeo y defensas costeras recae plenamente sobre los presupuestos de las provincias y las intendencias de la región de Salto Grande, quienes deberán asumir de manera exclusiva la gestión de la emergencia hídrica para proteger los cascos urbanos ante la llegada ineludible del agua.
