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Historia

Luis Alberto Díaz, el mártir de la banda de música del Regimiento 7 de La Plata

Luis Alberto Díaz era integrante de la banda de música del Regimiento 7 de Infantería de la ciudad de La Plata. Sin embargo, como a los demás conscriptos clase ’62, a él le tocó cambiar su instrumento por un fusil y partir hacia la guerra.

Todos recuerdan con lujo de detalles el día en que los soldados salieron del regimiento: el clima de fervor, el orgullo y la emoción parecían invadirlo todo. También les quedó grabada, indeleble, la noche del regreso de los combatientes, cuando los pocos que quedaban en la banda de música -desarticulada luego de comenzado el conflicto, con la salida de quienes iban a luchar a Malvinas- formaron y fueron protagonistas de una suerte de bienvenida, ya dolorosa, con la guerra perdida, y en medio de la desesperación de familiares que buscaban encontrar entre los recién llegados a sus hijos.

En el relato que compartieron con Télam, en el que reconstruyeron lo que había pasado el día que fue abandonado en un basural todo lo que había en las encomiendas que familiares habían entregado para que fueran enviadas a quienes combatían en Malvinas, Daniel Laira intercala un detalle, una anécdota que, también, tiene a una carta como protagonista.

En la jornada en la que los conscriptos clase ’62 se disponían a partir hacia las islas, una muchedumbre se había agolpado en la puerta del regimiento para despedirlos. Laira recuerda: «En medio de ese tumulto, una chica que llevaba una bolsa me pidió si podía dársela a Luis Alberto Díaz. Lo busqué y, cuando lo encontré, él la abrió delante mío. Entre chocolates y alfajores encontró una carta. ‘Voy a ser papá’, me dijo al leerla». Luis Alberto Díaz murió el 11 de junio de 1982, a pocos días de cumplir 20 años, en la batalla de Monte Longdon.

Si bien hay una parte de esta historia que se desconoce, otra que está a la vista: en 1998, por medio de la Ley 24.950, fue declarado héroe nacional; en tanto, en junio de 2018, se rebautizó con su nombre a una plaza de San Francisco Solano, en el partido bonaerense de Quilmes, y se inauguró ahí un monumento en su honor, justo enfrente de la que había sido su casa familiar.

Un año antes, en 2017, los restos de Luis Alberto Díaz -sepultados como NN en el Cementerio de Darwin- habían logrado ser identificados por el Comité Internacional de la Cruz Roja. De hecho, su mamá, Rosa Campero de Díaz, fallecida en 2020, formó parte del contingente de familiares de caídos en Malvinas que, tras ese trabajo, en marzo de 2018 viajó a las islas. Fue así, entonces, que pocos años antes de morir, tuvo la posibilidad -reparadora- de llorar a su hijo junto a su tumba, allí donde sus restos habían yacido durante 35 años bajo la leyenda «Soldado sólo conocido por Dios».

En tanto, Daniel Laira aporta un dato esencial: cuenta que, mientras eso sucedía en el Regimiento 7, él se encontraba de guardia en el Comando de la X Brigada de Infantería Mecanizada del Ejército Argentino, ubicado cerca, en Diagonal 80 entre 41 y 116, y que ahí era un secreto a voces el destino que tenían las encomiendas, que terminaban descartadas en un basural. «Incluso supimos que alguno de los camiones con los paquetes había sido desviado a la casa de un oficial o suboficial. Era una cosa aberrante», subraya.

Claro que, a medida que fueron pasando los años, se fue hilvanando con muchos otros hechos ocurridos durante aquella oscura etapa de la historia lo que habían vivido ese otoño de 1982 en el Regimiento 7 de La Plata, un lugar que había funcionado también, según se probó después, como centro clandestino de detención y como comando de otros 18 centros del área 113.

«Este tipo de órdenes venían de arriba; eran un ‘modus operandi’. Si hasta descartaron cuerpos y los tiraron en medio del mar. Así que, para ellos, era algo habitual: hacer desaparecer personas y también cosas. Y a nosotros, con lo que nos llevaron a hacer, nos hicieron sentir que traicionábamos a nuestros compañeros que estaban allá peleando. Toda mi vida sentí eso», resume Hugo Acuña, quien así, en medio del triste rompecabezas que lograron reconstruir, quizás logró ponerle palabras a una sensación que a él y a sus compañeros de la banda de música -hoy unidos por un lazo de amistad- les quedó repiqueteando en sus memorias, una y otra vez, en estos 40 años.

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