Este domingo 14 de junio de 2026, se confirmó el fallecimiento de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida mundialmente como Taty Almeida, a la edad de 95 años. La histórica activista se encontraba internada en el Hospital Italiano de la ciudad de Buenos Aires desde hacía varios días.
Almeida encabezaba la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, habiendo dedicado casi cinco décadas de su vida a la búsqueda de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar en Argentina. Su deceso ha generado un profundo impacto en el arco político y social, tanto en Argentina como en la región del Río Uruguay, donde mantenía fuertes lazos históricos.
La sobrina de Raúl Uranga: el vínculo profundo con Entre Ríos
Detrás de su figura pública en la Plaza de Mayo, Taty Almeida poseía un hilo conductor que la unía profundamente con la provincia de Entre Ríos. Su madre, Alicia Uranga, pertenecía a una familia tradicional de Paraná y era hermana de Raúl Lucio Uranga, quien fue gobernador de la provincia entre 1958 y 1962 bajo la presidencia de Arturo Frondizi.
El gobernador Uranga es recordado en la región por ser el principal impulsor del Túnel Subfluvial que une Paraná con Santa Fe, una obra que rompió el aislamiento de la Mesopotamia. Almeida solía referirse a Entre Ríos como su «pago chico«. Esta conexión regional no fue solo genealógica; Taty visitó la provincia en numerosas oportunidades para brindar charlas en instituciones educativas y participar en actos de derechos humanos, manteniendo viva la memoria de su estirpe entrerriana.
De la familia militar al quiebre de la «burbuja»
La vida de Taty Almeida estuvo marcada por una paradoja de origen. Nació el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano, en el seno de una familia de alto rango castrense. Su padre fue oficial de caballería y sus hermanas contrajeron matrimonio con oficiales de la Fuerza Aérea.
Ese entorno, que ella misma definió en ocasiones como «gorila» y conservador, se resquebrajó el 17 de junio de 1975. Esa noche, su hijo Alejandro Martín Almeida, de 20 años, fue secuestrado por la organización paraestatal Triple A durante el gobierno constitucional de Isabel Perón. Alejandro era estudiante de Medicina en la UBA y militante del ERP-22 de Agosto.
Ante la desaparición, Taty recurrió inicialmente a los militares que conocía, incluidos futuros jerarcas de la dictadura como Albano Harguindeguy o Leopoldo Galtieri, buscando respuestas que nunca llegaron. «Los únicos culpables son los peronistas«, le respondían, en una complicidad que terminaría por transformarla.
Una lucha colectiva que no abandona la posta
En 1979, Almeida se integró a las Madres de Plaza de Mayo, transitando del martirio individual a la lucha colectiva. Tras la división del movimiento en 1986, pasó a formar parte de la Línea Fundadora, de la cual fue una de sus principales voceras y, tras la muerte de Nora Cortiñas en 2024, su presidenta.
Uno de sus legados más íntimos fue la publicación de «Alejandro, por siempre… amor» en 2008, un libro que recopila 24 poemas que su hijo dejó escritos en una agenda antes de ser secuestrado. Taty sostenía con firmeza: «La única lucha que se pierde es la que se abandona«.
Recientemente, había sido distinguida con el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde dejó un mensaje a las nuevas generaciones sobre la importancia de la militancia y el compromiso. Con su partida, el movimiento de derechos humanos pierde a una de sus voces más potentes y lúcidas de la generación fundadora.
