La figura de San Antonio de Padua constituye un eje fundamental en la identidad de Concordia. Su presencia en la región no es un hecho fortuito, sino el resultado de un proceso histórico que se remonta a la época colonial y que vincula estrechamente a las dos orillas del río Uruguay.
El origen colonial: El santo que cambió de orilla
La devoción a San Antonio en la zona del Salto Grande comenzó mucho antes de la fundación formal de la ciudad. Los registros históricos sitúan la primera mención en 1757, cuando el Virrey Ceballos ordenó la construcción de un fuerte militar y una capilla dedicada al santo en la actual ciudad de Salto, Uruguay.
En 1769, una creciente extraordinaria del río Uruguay destruyó ambas estructuras. Ante la necesidad de refugio, los pobladores reubicaron la imagen y el asentamiento en la costa occidental, en lo que hoy es territorio argentino. Este paraje, conocido como San Antonio del Salto Chico, fue el primer antecedente del patronazgo en la zona, operando bajo la jurisdicción de Yapeyú.
Fundación de la Villa y designación oficial
Tras el periodo de anarquía entrerriana, el 29 de noviembre de 1831 se dictó el decreto de fundación de la Villa de la Concordia.
Al año siguiente, el gobierno provincial designó al presbítero Mariano José del Castillo como comisionado para la instalación material de la villa.
Fue el propio Del Castillo quien, en 1832, estableció formalmente a San Antonio de Padua como el protector de la naciente población. En sus inicios, el lugar de culto era una precaria capilla de adobe y paja situada en el mismo predio que ocupa el templo mayor hoy en día.
Biografía y trascendencia de la figura religiosa
San Antonio nació en Lisboa, Portugal, a fines del siglo XII (c. 1195) con el nombre de Fernando Martins de Bulhões. Miembro de la Orden Franciscana, se destacó como un elocuente predicador, teólogo y firme defensor de los sectores desprotegidos.

Su fallecimiento ocurrió el 13 de junio de 1231 en las proximidades de Padua, Italia. Debido a su fama de santidad y a los milagros que se le atribuyeron, el Papa Gregorio IX lo canonizó apenas 352 días después de su muerte, estableciendo un récord de brevedad en la historia de la Iglesia. Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío XII.
Evolución del templo: De capilla a Catedral
El crecimiento de Concordia fue acompañado por la transformación de su espacio sagrado. La estructura original de barro y paja fue reemplazada cuando, en 1883, se iniciaron las obras del actual edificio. El templo, de estilo arquitectónico ecléctico con elementos neogóticos, fue inaugurado finalmente en 1899.
Con la designación del primer obispo de la ciudad, monseñor Ricardo Rösch, la parroquia adquirió el rango de Catedral. En 1942, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, consolidándose no solo como un centro de culto, sino como un reservorio del patrimonio artístico e histórico del corredor del río Uruguay.
