La muerte de Carlos Alberto «Indio» Solari, ocurrida en la madrugada del viernes 5 de junio de 2026, ha generado una conmoción sin precedentes en la cultura popular argentina. El legendario líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció a los 77 años en su residencia de Parque Leloir, víctima de un accidente cerebrovascular (ACV) no hemorrágico. En Paraná, la ciudad que lo vio nacer y referente ineludible de Entre Ríos, el dolor se transformó en una multitudinaria celebración de su vida y obra.
Desde las primeras horas de la tarde del viernes, la Plaza 1º de Mayo se colmó de banderas, remeras y cánticos. Jóvenes, adultos y familias enteras se reunieron frente al edificio del Correo Argentino para realizar una «misa ricotera» espontánea, donde himnos como «Ji ji ji» y «Un ángel para tu soledad» resonaron como una forma de cicatrizar el dolor en felicidad.
El regreso simbólico a su casa natal y su paso por el Litoral
Para los paranaenses, la partida de Solari tiene un peso histórico particular. En octubre de 2025, el Concejo Deliberante lo había declarado Ciudadano Ilustre, reconociendo oficialmente el edificio del Correo (calle 25 de Mayo 114) como su casa natal. Solari vivió allí hasta los seis años, cuando su familia se trasladó primero a Concordia y luego a La Plata.
Este vínculo con el corredor del Uruguay no solo fue biográfico, sino que quedó inmortalizado en la poética del rock nacional. El propio músico solía hacer guiños a su origen entrerriano, especialmente a través de uno de sus mayores éxitos, incluido en el álbum La mosca y la sopa (1991).
«El pibe de los astilleros»: El guiño eterno a Concordia
Durante sus históricas presentaciones en la región, como los recitales de diciembre de 1995 en la discoteca Costa Chaval de Concordia, el Indio utilizaba su lírica para generar una complicidad inmediata con el público local. El séptimo verso de la canción «El pibe de los astilleros» es, para los entrerrianos, una marca de identidad y pertenencia.
La letra que resonó en cada rincón de la provincia tras su partida dice:
«Alquiló una rana rubia, tibia y haragana; se moría de ganas de matarla. Una linda damita de Concordia, el más bello fuselaje que jamás lustró. Le hizo un par de promesas imprudentes y así fue que de ella se aburrió».
Este fragmento es recordado por los seguidores como un gesto de «melosa demagogia» y complicidad que el público siempre recibió con entusiasmo, consolidando la figura del Indio como un artista que, pese a su hermetismo, nunca olvidó sus raíces litoraleñas.
Una huella imborrable en la región de Salto Grande
La masividad del Indio Solari también tuvo un hito en el Hipódromo de Gualeguaychú en 2014, donde convocó a más de 170.000 personas. Aquella fue la primera vez que el músico se presentó en su provincia natal tras la disolución de Los Redondos en 2001, en una jornada marcada por el barro y el frío que no impidieron la mayor movilización rockera de la historia regional.
El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, destacó que Solari fue un «entrerriano que marcó a generaciones enteras y dejó una huella enorme en la historia del rock argentino». Mientras la familia ultima los detalles para un velatorio público previsto para este domingo, las vigilias continúan en la Plaza 1º de Mayo, reafirmando que, para su «tribu», el hijo pródigo de Paraná ha alcanzado la inmortalidad.
