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9 de Julio: a 209 años de la independencia que rompió con España y forjó la Argentina

A 209 años del histórico 9 de julio de 1816, cuando el Congreso reunido en Tucumán proclamó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, repasamos el complejo camino que llevó de la caída del poder español a la construcción de un nuevo Estado. Entre guerras, tensiones internas y el deseo de autogobierno, aquella declaración marcó el fin de la sujeción a la corona y el inicio de un proyecto nacional que aún se sigue construyendo.

Se cumplen hoy 209 años de aquel 9 de julio de 1816, cuando el Congreso reunido en Tucumán declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, poniendo fin a los “violentos vínculos” que las ligaban a los reyes de España. La jornada culminó entre sesiones prolongadas y vítores de “¡Viva la Patria!” alrededor de la Casa de Tucumán, mientras el pueblo esperaba con ansiedad el desenlace de un proceso revolucionario que había comenzado seis años antes, el 25 de mayo de 1810.

UNA RUPTURA CON ESPAÑA… Y CON TODA DOMINACIÓN EXTRANJERA

La decisión fue mucho más que una formalidad. Los diputados rompieron con Fernando VII, con sus sucesores y con la metrópoli española, y días después ampliaron la declaración aclarando: “y de toda otra dominación extranjera”, un gesto que despejó las especulaciones de un posible sometimiento a la corona portuguesa.

No fue casual que el Congreso se realizara en Tucumán y no en Buenos Aires. La capital despertaba recelos y el país vivía tensiones internas profundas, reflejadas en guerras civiles, resistencias locales y proyectos contrapuestos sobre el futuro. De hecho, Paraguay y la Liga de los Pueblos Libres —liderada por Artigas— no enviaron representantes. Aun así, el Congreso avanzó y sentó las bases de una nación libre.

DE UN REY PRESO A LA REVOLUCIÓN EN EL RÍO DE LA PLATA

Para entender por qué se llegó a ese punto hay que remontarse a 1808, cuando el Imperio español comenzó a resquebrajarse. Napoleón Bonaparte impuso en España a su hermano José como rey, mientras Fernando VII quedó prisionero en Francia. En nombre del monarca cautivo surgieron juntas en España y América, que defendían la soberanía popular mientras durara su ausencia.

Cuando en 1810 cayó la resistencia española frente a Francia y se disolvió la Junta Central, Buenos Aires no reconoció más autoridad en la península. Así se gestó la Revolución de Mayo. El 25 de mayo, un cabildo abierto destituyó al virrey Cisneros, dando origen a una junta local sin funcionarios coloniales. El lema era claro: “Desde este día adelante, revolución”.

ENTRE PROYECTOS, GUERRAS Y TENSIONES INTERNAS

Durante años, la joven Junta y sus sucesores gobernaron en nombre de Fernando VII, mientras las tensiones entre moderados y radicales marcaban el pulso interno. Mariano Moreno, secretario revolucionario, ya defendía la independencia plena: sostenía que España había conquistado América por la fuerza y que los americanos nunca habían consentido su dominación.

En ese contexto, el Río de la Plata se sumergió en una larga guerra. Se combatía en el Norte por el dominio del Alto Perú (hoy Bolivia), en el Litoral y en las propias calles de Buenos Aires, donde chocaron proyectos centralistas y federales. Martín Miguel de Güemes lideró en Salta una resistencia crucial mediante guerrillas gauchas, conteniendo los avances realistas hasta 1825.

LA DECLARACIÓN Y EL COMIENZO DE UN NUEVO ORDEN

Para 1815, tras derrotas militares y crisis políticas, el desánimo cundía. Solo el antiguo Virreinato del Río de la Plata seguía en pie frente al poder español, aunque fragmentado. Así se convocó el Congreso en Tucumán, que en marzo de 1816 inició sus sesiones. El 9 de julio declaró la independencia y nombró a Juan Martín de Pueyrredón como director supremo.

El acto no fue inmediato. La sesión se extendió hasta entrada la noche y la gran celebración popular recién llegó el 21 de julio en el Campo de Carreras —escenario de la Batalla de Tucumán— donde Belgrano y el gobernador Araoz llamaron al patriotismo. Allí, hombres, mujeres y niños empezaron a apropiarse de un proceso revolucionario que, hasta entonces, había sido sobre todo de las élites políticas y militares.

EL LARGO CAMINO HACIA UN PAÍS

Así nació un nuevo Estado: las Provincias Unidas en Sudamérica, antecesor directo de la Argentina. Aunque la independencia fue declarada en 1816, la guerra continuó por casi una década más. También siguieron los debates entre centralismo y federalismo, unitarios y caudillos del interior, en un territorio extenso, heterogéneo y marcado por profundas desigualdades.

Dos siglos después, el 9 de julio sigue interpelando la memoria colectiva. Es mucho más que una fecha patria o un feriado: es el recordatorio de un proceso arduo, contradictorio, cargado de conflictos, pero imprescindible para que surgiera la Argentina. Una historia de pueblos que, con sus diferencias, eligieron dejar de ser colonias y construirse como nación.

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