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Paisaje Industrial Fray Bentos: 11 años de un patrimonio que busca nuevos sentidos

A once años de su ingreso a la lista de la UNESCO, el Paisaje Industrial Fray Bentos busca trascender el evento protocolar. Mientras la Intendencia de Río Negro convoca a festejos este domingo, el sitio enfrenta el reto de integrar su pasado de control industrial con su presente educativo.

El próximo domingo 5 de julio, la ciudad de Fray Bentos conmemorará el 11.º aniversario de la declaratoria de su Paisaje Industrial como Patrimonio Mundial por la UNESCO. La celebración, centrada en el Sector de la Pandilla a las 11:00 horas, es presentada por la Intendencia de Río Negro como una instancia de encuentro comunitario. Sin embargo, más allá de la agenda oficial, el aniversario invita a analizar la compleja transición de este gigante que pasó de ser la «cocina del mundo» a un polo tecnológico regional.

El legado de la «cocina del mundo» y el control social

El complejo, originado en 1863 como la Liebig’s Extract of Meat Company (LEMCO), representó el primer enclave de la Revolución Industrial en el Río de la Plata. Durante 116 años, exportó más de 200 productos cárnicos a los cinco continentes, alimentando a ejércitos en ambas Guerras Mundiales.

No obstante, el valor patrimonial del sitio no reside solo en su escala productiva, sino en su estructura de «company town» o villa obrera. Investigaciones del Arq. Santiago Medero (Universidad de la República), publicadas en Dialnet, señalan que estas urbanizaciones no eran solo soluciones habitacionales, sino herramientas de paternalismo industrial diseñadas para fijar mano de obra y ejercer un control social estricto. En el «Barrio Anglo», la jerarquía de la empresa se traducía fielmente en la arquitectura: desde las mansiones de los gerentes británicos frente al río hasta las habitaciones para obreros solteros, similares a galpones-dormitorio.

De la ruina industrial a la «fábrica de conocimientos»

Tras su cierre definitivo en 1979 y décadas de abandono, el predio de 274 hectáreas inició un proceso de patrimonialización que culminó en 2015 con el reconocimiento de la UNESCO. El gran cambio territorial de los últimos años ha sido la re-funcionalización del núcleo fabril como Polo Tecnológico Educativo.

Hoy, entre las viejas estructuras de hierro y ladrillo, circulan diariamente unos 450 estudiantes y docentes de la Universidad Tecnológica (UTEC), la Universidad de la República (UdelaR) y el LATU. Esta nueva identidad busca mitigar el impacto del desarraigo que sufrió la población tras el cese de la actividad frigorífica, que llegó a emplear a 4.500 personas en su apogeo.

Perspectiva crítica: El desafío del turismo y la gestión participativa

Pese al estatus internacional, la gestión del sitio enfrenta desafíos críticos. Autores como Ana Vallarino Katzenstein (FADU-UdelaR) destacan que la conservación debe ir acompañada de una gestión participativa que evite convertir el patrimonio en un objeto estático. Proyectos como «OMBÚes» y el simposio «Paisaje y Cartografía» buscan justamente sensibilizar sobre los valores paisajísticos del entorno, integrando a las escuelas locales y a la comunidad académica nacional e internacional.

Asimismo, iniciativas como el concurso internacional «Micro Jardines Tácticos», promovido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), proponen intervenciones ligeras y reversibles para dinamizar los espacios abiertos del ex frigorífico, sugiriendo nuevas formas de habitar este paisaje fluvial.

El aniversario del domingo es, por tanto, una oportunidad para observar si estas propuestas logran efectivamente catalizar las emociones de los residentes o si el patrimonio sigue siendo percibido como un vestigio de una era de dominación industrial que hoy busca, no sin dificultades, un lugar en la economía del conocimiento del corredor del río Uruguay.

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