El expresidente de la Administración Nacional de Usinas y Trasmisiones Eléctricas de Uruguay (UTE), Gonzalo Casaravilla, resaltó la importancia de la central hidroeléctrica de Salto Grande en la reducción de costos de energía para su país y detalló el plan de modernización de la planta, que incluye tres etapas y más de US$ 1.000 millones en inversiones.
Salto Grande, la primera obra binacional de generación eléctrica en América Latina, inició su operación en 1983 y abastece de energía limpia y confiable tanto a Uruguay como a Argentina. Actualmente, Uruguay ejecuta un plan de modernización del complejo que busca extender su vida útil por 40 años, manteniendo la capacidad operativa y aumentando la eficiencia. El proyecto contempla la renovación de turbinas, generadores, sistemas de control, transformadores, infraestructura civil y sistemas auxiliares, con una inversión estimada superior a US$ 1.000 millones.
La primera etapa, iniciada en 2019, finalizará en 2026; la segunda, que comenzó en 2025, se prevé hasta 2031. La tercera fase, aún sin financiamiento asegurado, prevé renovar las turbinas y generadores principales, con un presupuesto aproximado de US$ 373 millones. “Si de acá a un año no logramos cerrar la financiación de la etapa tres, empiecen a comprar velas”, advirtió Casaravilla durante el XI Congreso Latam organizado por la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder).
UN RECURSO ESTRATÉGICO PARA URUGUAY
El expresidente de UTE subrayó que, sin Salto Grande, el sistema eléctrico uruguayo costaría unos US$ 400 millones más al año. “La hidráulica es nuestro pozo de petróleo. No tenemos otro recurso para explotar, entonces hay que tener cuidado. Llegó el momento de cambiar la correa de distribución, no hay que ponerse a discutir si aguanta un poco más”, afirmó.
Casaravilla destacó que la modernización es una política de Estado, que comenzó en 2011 y continúa con apoyo de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según explicó, la inversión permitirá garantizar la soberanía energética de Uruguay, expandir la generación con renovables y reducir los costos país. Aunque Salto Grande abastece a ambos países, la gestión uruguaya ha logrado aprovechar la planta para optimizar su sistema eléctrico y minimizar gastos, mientras Argentina enfrenta desafíos mayores en financiamiento y mantenimiento de sus energías hidroeléctricas.
