Historia

“Perón y su gran invención política”, por Daniel Santoro

El artista, creador de un obra en clave política que recupera la iconografía peronista, recuerda a Juan Domingo Perón, a 46 años de su muerte.

«El General Perón, cuando en 1955 tuvo que enfrentar su gran dilema existencial, no dudó en apostar al tiempo, con la intención, claro está, de ahorrar sangre.

Años después de esa encrucijada, y ante la pregunta de algún compañero, Perón recordaría que, si bien en aquel momento había tenido una relación de fuerzas favorable para ir a un enfrentamiento y ganar, tal vez él hubiera permanecido, pero el peronismo difícilmente hubiera continuado en el tiempo (podríamos actualizar el dilema con la encrucijada de la actual pandemia, en la cual la apuesta al tiempo se reafirma, revelando ese fondo humanista y cristiano que siempre guió la acción del peronismo).

En esta misma perspectiva temporal, resulta cada vez más claro que el peronismo es una de las pocas invenciones políticas originales que produjeron las democracias occidentales y que periódicamente reafirma su vigencia permaneciendo como una promesa de felicidad para su pueblo, más allá de sus logros, sus insensateces, sus fracasos y sus traiciones.

Cuando en 1949 Perón patrocina aquel primer congreso de filosofía, ante los pensadores más notables del momento, pocos esperaban que, lejos de actuar como simple anfitrión dando un discreto discurso de apertura y bienvenida, leyera al cierre ese sustancioso manifiesto que resultó ser un texto fundacional: “La Comunidad Organizada”. Allí esboza la idea de una comunidad que se organiza, creando su propio instrumento, al que denomina ‘organizaciones libres del pueblo’.

Ellas funcionan como garantes de la adecuada articulación entre el pueblo, la nación, y el Estado. Se trata de un artefacto teórico audaz, que se metía sin la pretendida neutralidad liberal ni los autoritarismos fascistas, en las conflictivas relaciones de los intereses colectivos e individuales, buscando armonizar las ideas de libertad, de igualdad y de solidaridad, el equilibrio entre ocio y trabajo, volver a poner al capital al servicio del hombre, los peligros del sometimiento a la técnica.

Si sumamos a esto su clara y temprana advertencia a la crisis de civilización, todo esto hace que esa voz que hablo en San Juan setenta años atrás, nos llegue fuerte y clara al corazón angustiado del presente.

Es una curiosa novedad, que ese texto comience a influenciar a pensadores europeos, invirtiendo la dirección habitual del vector de influencias; ellos intentan cernir al peronismo para adaptarlo a sus empobrecidos discursos paranoicos, que les hacen ver al otro inmigrante como una amenaza a su mezquino bienestar e identidad, y paradojalmente terminan por ver al Papa Francisco como un enemigo político.

En los próximos años, tal vez sea el Peronismo el que deba aportar la energía necesaria para echar algo de luz en esta oscuridad que acecha a la humanidad y así lograr que reine en los pueblos del mundo el amor y la igualdad».

Daniel Santoro

Daniel Santoro (Buenos Aires, 1954) estudió en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y con el artista Osvaldo Attila. Trabajó como escenógrafo del Teatro Colón durante la década del ’80. A partir de 1985 realizó numerosos viajes por Oriente exponiendo en diversos museos y galerías de arte. Presentó con éxito sus series Gardel y Los samuráis. En esos años aprendió sobre filosofía, religiones y escrituras orientales (entre ellas, sánscrito, hebreo y chino), que fueron incorporadas a su obra.

A partir de 1992, todas sus exhibiciones individuales fueron publicadas en libros, a los que Santoro denomina manuales, correspondientes a sus diferentes etapas de trabajo. El Manual del niño peronista (2002) fue elegido como mejor libro de arte por la Asociacion Internacional Críticos de Arte. En 2012 ganó el diploma de mérito de los Premios Konex en la disciplina Pintura: Quinquenio 2007 – 2011.

El proyecto artístico de Daniel Santoro se caracteriza por una estética barroca, histórica y política, con tintes de ironía, tragedia y crítica a la sociedad. Es reconocido en nuestro país por la dedicación de su obra a la iconografía peronista, para la cual investigó a partir de publicaciones de la época.

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